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«Continente prehispánico, bestiario contenido»

Daniel Barraza nos invita a un paseo visual por
pasiones duales: grabado y pintura, litografía y óleo, grises y colores, contenidos y continentes. La
gráfica y la pintura de Barraza, virtuosa en sus detalles, rica en sus texturas, evoca antiguas figuraciones
sagradas. Los animales que representa poblaron la imaginación, el arte y la ciencia, de ancestrales
culturas prehispánicas. Animales-dioses, animales-mito. Su vital presencia en la cosmovisión
prehispánica ha dotado a estas especies –lagarto, lagartija, serpiente, venado, conejo, perro, mono,
jaguar, águila y zopilote– de una fuerza simbólica cuyo origen se remonta a una compleja tecnología
cosmológica nahua: el Tonalpohualli. Calendario ritual y herramienta astrológica, combinación de
números y signos. Los mexicas o aztecas inmortalizaron este conocimiento sobre un monolito de basalto
de olivino de veinticuatro toneladas y media. La mítica Piedra del Sol contiene en su primer anillo los
pictogramas de los veinte días del calendario azteca, la mitad de ellos representados por estos animales.
La búsqueda del color y sus luminosidades –tan presente en la historia del arte desde tiempos
prehistóricos– se encarna en Barraza como reto y necesidad. En el grabado litográfico ha sabido dominar
el procedimiento de la cromolitografía para explorar las posibilidades del color en una técnica donde
impera lo monocromático. En su pintura, el color termina estallando en refulgentes tonos que dotan a los
animales de una vitalidad y realismo que los pone en su justa dimensión sagrada.
Una necesidad de seguir reinterpretando y reivindicando la magia y la fuerza de estos animales
caracteriza la obra de Barraza. Desde la Piedra del Sol a la piedra litográfica, al lienzo, fluye una energía
ancestral que nutre a estas piezas. La vasija, antiquísimo recipiente de gran simbolismo, aparece en la
obra de Barraza como continente vital que aloja contenido sagrado, como un ámbito donde se mezclan
fuerzas originarias, aquellas que dan lugar al mundo material. Es así, que la temática de Barraza se aleja
de lo trivial para representar contenidos cargados de simbolismos. Una carga que Barraza imprime a su
arte, evocando la eterna relación entre hombres y dioses. Acaso por ello imagina escenarios, posturas y
gestos que, más allá de fáciles antropomorfizaciones, nos recuerda lo poderosa que es la dimensión
animal y su convergencia con la humana.

Axel Juárez

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